El viatge

Tindria uns sis  o set anys, no ho recorda exactament. Recorda, però,  que aquell  va ser  l’any exacte, en el qual va decidir  què volia ser de gran. Va ser durant una de les seves visites al zoològic de la ciutat, amb el seu avi. Hi anaven sovint. Els diumenges al matí, agafats de la ma, i amb el tramvia. Dins del parc, feien sempre el mateix recorregut: visitaven les gaseles, els micos, l’hipopòtam, el panda vermell, el lleó. I sempre acabaven al mateix lloc: davant de l’habitatge dels elefants. Li fascinaven els elefants. S’hi aturaven molta estona. Si tenien sort, veien les tres femelles alhora, movent-se pel recinte. I si tenien molta sort, veien l’elefant petit. A vegades s’empastifaven de fang, es mullaven amb l’aigua. Així s’hidraten, li explicava l’avi. L’elefant petit es rebolcava entremig de les femelles, les tres elefantes adultes que li feien de mare, i el cuidaven. Era un elefant orfe, de mare desconeguda, morta per algun caçador furtiu. 

La Berta, més que mirar-lo, el contemplava: A ell li agradava banyar-se, gratar-se,  dormir. A ella li agradaven la seva trompa, les seves orelles movent-se al vent, les seves potes, tan estables,  la lleugeresa del seu caminar. O quan corria!  Tenia els ulls menuts, i  una mena de somriure de cantó, graciós. 

Ells marxaven cap al mig dia. Vinga. Ja és hora d’anar a dinar, li deia l’avi, i  txino- txano sortien del parc, i agafaven de nou el tramvia de tornada a casa. Des de la mort dels pares, en accident de cotxe, feia alguns anys, la Berta vivia amb l’avi. S’entenien, s’apanyaven bé.

Un dia de setembre, molts anys més tard, la Berta realitza finalment el seu somni. Pensa en tot això, mentre espera, a l’estació de França, propera al parc, el tren que  la portarà a París. Deixa darrera una carrera brillant al departament de biologia animal de la universitat, que li ha permès demanar una beca per realitzar la tesi doctoral en el millor centre europeu especialitzat en paquiderms. 

A Paris, arriba de nit, i s’instal.la en el campus. Aviat s’acostuma a la nova vida,  al ritme de treball de la universitat. La recerca en el departament, les pràctiques, el dinar a la cantina, la xerrada amb els col.legues vinguts d’arreu del món. Porta una vida ordenada, sense estridències, que li dona seguretat.  Durant els caps de setmana fa la compra, queda amb algun company, va al cinema, passeja pels parcs. Les visites a la seva ciutat es fan, des de la mort de l’avi, cada cop menys freqüents.

La seva recerca avança. Ja només queda  el treball de camp, recollir dades que justifiquin les seves hipòtesis sobre la conducta d’aquests animals, la recerca empírica.  Li proposen treballar durant sis mesos a les Cataractes Victòria, a Zimbabwe, en el Parc Nacional Zambezi, amb 560 kms quadrats d’extensió, i una gran població de paquiderms.

No en té cap dubte. Així, doncs, el seu viatge continua.  Fa la bossa, i un vespre de juny agafa el vol cap a Zimbabwe.  Ara ja  fa algunes setmanes que està instal.lada a la reserva.  Pren dades, inspecciona, contrasta, apunta. Ajuda a reintroduir els animals, que han viscut en captivitat,  al medi natural, quan  hi estan preparats. S’hi troba bé. 

Un vespre, mentre descansa en el jeep prop d’una manada,  el veu.  Tothom li diu que no pot ser, que és un invent, una fantasia. Que no pot ser. De cap de les maneres.  Però ella n’està convençuda.  El veu.  Veu el seu elefant, ara ja adult. Majestuós, lleuger en els seus moviments, d’una gran bellesa. No en té cap dubte, tot i que  no sap el perquè del seu convenciment. La mirada, potser? El sentir-se mirada, reconeguda per ell?  Perquè ell, efectivament, la reconeix. Se separa lleugerament de la manada, aixeca la trompa, la mira. Potser reconeix la seva olor, potser recorda els seus ulls, mirant-lo en el parc molts matins de diumenge, potser algun so li resulta familiar, alguna imatge guardada en la seva llarga memòria? Seguia tenint els mateixos ulls menuts,  i el mateix somriure de cantó, graciós. 

La Berta no sap explicar ni el  com ni el perquè, però decideix que aquest és el final del seu trajecte.  S’hi quedarà. Ha trobat el  lloc, el seu.

Laura Berenguer

Parada sin nombre

Era junio cuando Carlos y su madre Adriana tomaron la decisión de irse.
Tras la muerte del marido, la viuda y su hijo vivían en un piso pequeño en la séptima planta de una vivienda social en Ciutat Meridiana. Carlos, con sus cincuenta y cuatro años y su extrema miopía, casi nunca había trabajado y Adriana, con sus casi ochenta y seis y su mísera pensión, iba perdiendo la memoria cada día más. Vivir con falta de vista, falta de memoria y tan poco dinero había hecho demasiado complicada su existencia en una gran ciudad. 
Esa tarde, sobre la mesa de la cocina débilmente iluminada había un mapa con una lupa al lado. Y cerca de la mesa, en el suelo, dos pequeñas maletas.
La mañana temprano ya estaban en el bus número 62. Sentados muy cerca uno del otro, las dos pequeñas maletas apretadas en su regazo. Toda la vida, las pocas cosas que no habían perdido u vendido, estaba ahí dentro, cerrada en dos pequeños rectángulos de piel artificial.
-¿Dónde vamos Carlos?
-Ya te lo dije varias veces, mamá. En África…. Lejos de aquí. 
Una señora sentada en frente escuchaba y miraba asombrada a la extraña pareja: los dos demasiado delgados, vestidos de forma inusual. Él con una camisa enorme, mal abrochada, pantalones cortos de golf y un par de gafas con lentes tan gruesas como el fondo de un vaso de whiskey. Ella con una falda larga de flores, una blusa de encaje ajustada, el pelo blanco muy corto y un aspecto de persona perdida en el mundo. Ambos tenían zapatos deportivos del mismo color: verde eléctrico con cordones amarillo.
Bajaron del bus para tomar el metro. Y al final, andando hasta la estación de Francia. Carlos cogía a su madre del brazo y en realidad no se entendía bien quién llevaba al otro.
-Carlos ¿adónde vamos? 
-A tomar el tren, mamá. Vamos a Sevilla y luego otro tren a Cádiz… 
-¿Y qué hacemos en Cádiz? ¿Conocemos a alguien allá? Yo no me acuerdo. 
-Mamá, ya te he mostrado el mapa varias veces. De Cádiz tomamos un bus hasta Tarifa, luego un ferry a Marruecos. Y de allá otros trenes, cruzando África hasta Zambia, hasta uno de los lugares más bellos en el mundo: las Cataratas Victoria.  
Adriana se había perdido más que nunca en las palabras de su hijo y, ocupado su asiento en el tren, cerró los ojos y empezó a soñar… Pedro, su esposo, estaba sentado con ella en la terraza de un bar, tomaban cerveza, y él era joven, hermoso, sonriente. Fumaba un cigarrillo y le decía algo que la hacía reír…
Sentado en frente a su madre, Carlos quería leer su guía de África, pero, a pesar de las lentes gruesas de sus gafas, no enfocaba bien las palabras, conque sacó la lupa del bolsillo y con gran dificultad empezó a leer. Llegaron a Sevilla tarde por la noche. Hambrientos y agotados.
-¿Dónde estamos Carlos? Tengo hambre y tengo miedo. 
-Estamos en Sevilla, mamá. No te preocupes, ahora comemos, tengo pan y queso en mi maleta. 
-¿Sevilla era la ciudad de Pedro, de tu padre, Carlos? No estoy segura, no me acuerdo. 
-Sí, mamá, era la ciudad de papá, pero yo nunca la vi. Emigró muy joven a Barcelona, tu ciudad, donde te conoció y donde yo nací.
Durmieron en un pobre hotel cerca de la estación y a la mañana siguiente se despertaron más cansados del día anterior. Tomaron un tren. Y, bajados en Cádiz, vagaron por la ciudad con las maletas en la mano. Carlos tenía la visión borrosa, sus ojos estaban inflamados, le dolían. Seguía a su madre que caminaba despacio sin saber dónde ir. Cansados se sentaron en la playa. Adriana tomaba agua de una pequeña botella de plástico y miraba el mar como si nunca lo hubiera visto antes. Arriba de una pequeña roca estaba sentado Pedro, con una mano tenía la caña de pescar y con la otra le tiraba besos. 
Carlos tenía los ojos entrecerrados, veía como olas de colores e imaginaba el continente africano al otro lado del mar. Desiertos, oasis verdes y cascadas gigantescas con nubes de vapor que se mezclan con las columnas de agua.
-Carlos, allá sentado está Pedro. ¿Lo ves? 
Carlos no contestó, las olas de colores ante sus ojos se hacían cada vez más oscuras. Bajó los párpados y pensó que con los ojos cerrados podía continuar a ver imágenes magníficas, paraísos únicos, sorprendentes…
-Cuando Pedro termine de pescar, vendrá a sentarse aquí con nosotros. Estoy feliz .
-Sí, mamá. 
Pasaron las horas, luego los días y nadie sabe si el viaje de Adriana y Carlos se acabó allí en la arena de Cádiz o si continuó hasta África, hasta las maravillas naturales de las Cataratas Victoria.

Anna LaStella

Talleres/cápsulas de escritura

A partir del mes de abril en Barcelona Escribe iniciamos unos talleres/cápsula para trabajar y aprender lo esencial de la escritura. Estos talleres serán de una hora de duración y se realizarán el primer jueves de cada mes. El primero va a estar dedicado a los personajes.

Taller/Cápsula de escritura: creación de personajes
jueves 7 de abril de 19-20h
Adultos / Todos los niveles.

Importe del taller: 10 € / (socios gratis). Infórmate de cómo hacerte socio

Reserva tu plaza rellenado este formulario 

La creación de personajes es una de las partes del proceso de escritura de la que más disfrutan los autores. Concebir un ser desde la nada, imaginar su aspecto físico, darle rasgos morales e intelectuales.
Pero a pesar de que crear personajes puede ser la parte más divertida del trabajo de planificación que debe anteceder siempre a la escritura en sí, a menudo la creación de personajes se aborda de manera superficial o directamente errónea.
En este taller veremos lo que sí es importante tener en cuenta a la hora de abordar la creación de un personaje y señalaremos algunos errores que se suelen cometer cuando llega ese momento crucial para la concepción de una obra de ficción.

Reserva tu plaza rellenado este formulario 

Más información en el teléfono: 661 317 961

Ya somos una Asociación

Barcelona Escribe, desde enero 2022, es una ASOCIACIÓN.
—¡Ohh!, ¿una asociación de qué?
—Pues una asociación de escritores.
—¡Ahh!, ¿y para qué?
—Pues para darnos soporte entre todos desde el proceso creativo hasta la publicación del libro
—¡Uala!, ¡qué buena idea! y ¿qué tengo que hacer para hacerme socio?
—¡Ei!, ¡que bien!, te veo muy animado, pero ¿Quieres que te dé más información? Mira, te voy a explicar todo lo que te vamos a ofrecer como socio: te hacemos un informe de lectura del libro que estés escribiendo. Y, como no, correcciones ortográficas y gramaticales. Maquetamos tu libro en papel y en formato digital, hacemos reuniones entre autores y organizamos actividades como seminarios y coloquios.
—Eso es fantástico. ¿Dime qué tengo que hacer para hacerme socio?
—Veo que estas muy convencido, tienes que rellenar el siguiente formulario https://forms.gle/2QbMZ4BwRK937Wxv5
En el plazo de ocho días la Junta Directiva se pondrá en contacto contigo y te informará de los siguientes pasos a realizar.
—¿Y esto cuesta dinero?
—Sí, la cuota de socio es de 60€ anuales.
—No pierdo más el tiempo y voy a rellenar ahora mismo el formulario.
— También puedes leerte los estatutos. Ves a este enlace

Orgullosos estamos en Barcelona Escribe de haber constituido esta asociación cultural sin ánimo de lucro. Desde Enero, que la Generalitat nos dio la respuesta, hemos ido avanzando poco a poco, pero de forma sólida. Consiguiendo interacciones con otras asociaciones e iniciando nuevos proyectos.

Y en pocos meses esperamos daros más noticias buenas como esta.

Relatos mágicos

Este sábado 9 de octubre presentamos «Relatos mágicos» la nueva publicación de BCNEscribe en la galería de arte Ronda Barcelona.

«Relatos Mágicos» está escrito por Gabriel, un niño de 10 años que vive en Caracas-Venezuela, y Giannelys, su tía en Barcelona.

«Relatos Mágicos» tal como indica el título nos transmite magia y mucha imaginación a través de sus cuentos.

Conocí a Giannelys, si la memoria no me falla, hace un par de años en los encuentros de Barcelona Escribe. Por cuestiones laborales tuvo que dejar de asistir, aunque nunca perdió el contacto ni se desvinculó. Un día me envió un mensaje de WhatsApp preguntándome si deseaba ayudarla en un proyecto de escritura que había ideado con su sobrino Gabriel.

Desde su adolescencia, y con apoyo de su madre, Giannelys asistía como voluntaria a una residencia donde se encontraban niños abandonados. Desde entonces ha realizado varias actividades de esta índole. Las ultimas que realizó en Venezuela, Gabriel presenció las ayudas que organizaba con amigas: preparaban comida para repartirlas por la noche en diferentes zonas de Caracas. Hay situaciones que allá no han cambiado y no es secreto para nadie que hay personas, incluso más de lo que crees, en situación de vulnerabilidad.
A pesar de la edad que tiene Gabriel, es consciente de esto y es por eso le preguntó: «¿Tía, que podemos hacer para ganar dinero y ayudar a personas necesitadas?» Gabriel y Giannelys comparten pasión por la escritura. Así que sin pensarlo de preguntaron: ¿Por qué no buscamos a una persona que nos dé clases online, vamos creando el contenido para escribir un libro y así con las ventas, recaudamos dinero para donarlo?

Para mí fue un gran honor que contara conmigo y, a la vez, pensé en lo difícil que podría ser el proyecto: escribir un libro de relatos desde Caracas y Barcelona. También sentía la presión de tener por primera vez un escritor de diez años. Ahora, pasados estos meses de encuentros semanales, puedo decir que ese miedo desapareció en poco tiempo para convertirse en una gran experiencia. Gabo es un muchacho muy motivado e implicado y, a pesar de los problemas de conexión habidos, en ningún momento bajó su ánimo.

Os explico el proceso de escritura que hemos seguido durante estos meses. Cada miércoles nos juntábamos a través de una aplicación de videollamada. Leíamos un cuento escrito durante la semana, comentarlo para mejorar (si fuera necesario). Continuábamos con la propuesta de un ejercicio con el objetivo de abrir la mente a la creatividad, obteniendo resultados, algunas veces, sorprendentes. Y finalizábamos los noventa minutos escribiendo un nanorrelato, que viene siendo un cuento muy, muy corto.

«Relatos Mágicos» contiene en tres partes: la primera con los relatos escritos por Gabriel, la segunda por los de Giannelys y la tercera con los nanorrelatos. Los nanorrelatos se pueden considerar un esbozo, un esqueleto de un cuento a desarrollar, o dejarlo tal cual para que el lector libere su fantasía e imagine lo que no se explica.

Relatos magicos
Relatos mágicos

Con las ventas de «Relatos Mágicos» Giannelys y Gabo ayudan a quien más lo necesita: niños y niñas de Venezuela en situación vulnerable. Todas las ganancias generadas serán donadas. Y para que todo sea más trasparente se ha creado una página web donde podrás ver qué se está realizando con el dinero de las ventas.

https://gonzalezgescritura.com/index.php/resultados-de-tu-aporte/

Y el libro puedes adquirirlo en Amazon:

Gracias por tu apoyo.

Barcelona Escribe

¿Micro o nano Relato?

Mientras preparaba una corta e intensa antología de nanorrelatos dudé mucho del significado de la palabra nanorrelato. Incluso de cuál era la forma correcta de escribirla. Por eso de ser un vocablo originado de la unión de dos.

Nano, de origen griego, es un prefijo que participa en la formación de las palabras con el significado de “la milmillonésima parte de una unidad”. Dicho de otra forma y más simple: es algo muy pequeño.

Relato es la narración detallada de un hecho. De manera más sencilla: es un cuento.

Por lo tanto el nanorrelato es una historia muy breve. ¿Pero cuánto de corto? ¿Qué diferencia hay entre un nanorrelato y un microrrelato?

De ahí que además buscara el significado de micro, descubriendo que es “una millonésima parte”. Algo más grande que un nano, no obstante también muy pequeño

En conclusión, el nanorrelato es más breve que el microrrelato, pero los dos gozan de una gran fuerza . Ambos relatos (el micro y el nano) son la esencia de una historia, es la intensidad en todo su esplendor. La visión de algo pequeño que nos lleva a las razones que se esconden tras la realidad.

De lo más insignificante surge un relato que nos eleva a una dimensión nueva, así nuestros ojos pueden abarcar el universo y el corazón.