De Cartón

Cuando el taxi aparcó ante la puerta del manicomio, recordé que había dejado los papeles de la custodia encima del escritorio. ¡Maldita cabeza la mía…! Súbitamente, una parvada de estorninos ruidosos levantó el vuelo y pasó en rasante por encima de nosotros. Por fortuna, aún no había bajado: las consecuencias hubiesen sido mas bien desagradables. …