Perenne

—¡Noooo! ¡Otra vez, no! —se quejaba M4·m1 con el paraguas rojo desplegado en la pinza mecánica—. He vuelto a llegar tarde a la lluvia de estrellas. 

Estaba desolada. Desde la entrada de la nave en el espacio de Sigma Orionis que no conseguía verla. La culpa era de NØDR1z·A, el condenado ordenador central. Había decretado «OTOÑO» y los árboles andaban muy picajosos. No hacían otra cosa que soltar hojas sin parar y no terminaba nunca de barrer. 

Una vez llenas las sacas de basura siempre aprovechaba para dar un paseo hasta el reciclador orgánico. Cogía su paraguas, cargaba las bolsas al hombro y salía por la compuerta de la bodega. Apenas doscientos metros le separaban del balconcito exterior en el que se hallaba la boca del contenedor. Era un lugar maravilloso para contemplar las estrellas cercanas a la nebulosa.

Demasiado trabajo. «OTOÑO» era una estación muy dura. Tenía un interminable montón de quilómetros cuadrados por barrer cada día. Además M4·m1 era una “re-asignada”, no había sido diseñada para pasar la escoba. Toda su estructura fue concebida para el cuidado de bebés humanos. Pero ya no quedaban más de esas criaturas, se terminaron tiempo atrás. Nunca fueron tan resistentes como los vegetales. Fue entonces cuando NØDR1z·A la puso a trabajar en la sección ROBLES / ENCINAS / OLMOS. Su amigo P4·p1 fue mucho más afortunado; le destinaron a HIDROPÓNICOS. Allí el suelo estaba siempre limpio y apenas barría. En su sección M4·m1 tenía que acceder a los protocolos de auto-limpieza al menos una vez cada día. Y las ruedas… ¡Qué horror! Ya no recordaba las veces que tuvo que sustituirlas.

Por el rabillo del sensor ocular acertó a sentir, más que a ver, uno de los bólidos rezagados, probablemente el último del día. Al penetrar en la nebulosa estalló en mil destellos y el resplandor cegador iluminó centenares de pársecs. Flaco consuelo. De haber llegado a tiempo el espectáculo habría sido descomunal. Ni siquiera tuvo que usar el paraguas para evitar las chispas.

Recordó a Last, su último bebé. Le encantaba acercarse a la bóveda del visor principal con él en brazos. El pequeño disfrutaba con aquel alboroto de luces y seguía las estelas ojiplático. Después de la reasignación trató de hacer lo mismo con algunos brotes de alcornoque, pero no parecían demostrar el más mínimo interés.

Y ahora estaba allí, en el balcón del reciclador, con el paraguas abierto para nada. Sintió frustración, seguramente por primera vez desde su puesta en funcionamiento. No sabía como proceder ante sentimientos, así que esta nueva sensación desconocida empezó a acumularse de un modo desagradable. De esa congestión le sobrevino un cierto nivel de odio que, una vez procesado, se manifestó acelerando progresivamente algunos de sus sistemas secundarios hasta obtener ira en estado puro, la cual tomó el control de su placa central y de allí se distribuyó al resto de estructuras.

Rabiosa, M4·m1 salió disparada hacia la puerta de la bodega y la abrió de un manotazo dejando escapar todo el aire de la cámara de descompresión. ¡Qué más daba! No quedaban más humanos para salir a dar paseos por el espacio. Entró en la sección furiosa como un ciclón. Dejó la puerta abierta y empezó a arrancar los planteles de robles que había estado preparando durante todo «VERANO», lanzándolos con precisión matemática hacia la cámara. Ramas, hojas y terrones se esparcieron por todas partes.

En ese momento se oyó la voz metálica de NØDR1z·A:

—UNIDAD M4·m1. COMPLICACIONES. POSIBLE ERROR DE FUNCIONAMIENTO. ACTIVAR DIAGNÓSTICO DE OBSTRUCCIONES. 

—¡A la mierda! ¡«OTOÑO» es una mierda! — contestó la robot, poniendo en marcha la sierra circular de uno de sus brazos mecánicos.

—UNIDAD M4·m1. DETECTADO ERROR GRAVE DE FUNCIONAMIENTO. RECOMENDABLE ACTIVAR PROTOCOLO DE AUTO-LIMPIEZA.

M4·m1 se cargó uno de los olmos jóvenes de un tajo y, sin detenerse, se fue a por los robles viejos.

—UNIDAD M4·m1. ERROR CRÍTICO. IMPRESCINDIBLE ANULACIÓN DE SISTEMA AUTÓNOMO.

La robot atacó al gran roble que presidía el pabellón. En apenas unos segundos el árbol se desplomó. Triunfal, M4·m1 se subió al tocón, agarró el tronco y con un impulso circular lo lanzó a la bodega donde se hallaban el resto de sus víctimas. 

—IMPRESCINDIBLE ANULACIÓN DE SISTEMA AUTÓNOMO. IMPRESCINDIBLE ANULACIÓN… —repetía NØDR1z·A.

Mientras se acercaba a la cámara sintió como iba paulatinamente perdiendo el control. Llego justita para apretar el botón de apertura de las compuertas exteriores. Luego se desplomó al mismo tiempo que NØDR1z·A anunciaba:

—DESACTIVADA UNIDAD M4·m1. INICIANDO PROCESO DE AUTO-LIMPIEZA DEL SISTEMA EN MODO REMOTO.

* * *

M4·m1 contemplaba desde la bóveda la larga línea de desechos vegetales alejándose de la nave. Eran ya irrecuperables. ¡Qué desastre! Meses de trabajo y montones de biomasa desperdiciados.

En ese momento vio pasar el tronco del viejo roble por delante del visor, despacio, congelado, rotando sobre sí mismo. Sintió una cierta angustia… a lo mejor podría recuperar ese trozo de madera… la órbita era un poco excéntrica pero bastante regular… quizá más tarde haría los cálculos. 

No alcanzaba a comprender por qué aquel árbol le caía bien. Esa sensación no era muy normal; debería volver a repasar sus sistemas. ¡Maldita humedad! Se le llenaba todo de óxido. También actualizaría los protocolos contra la carbonilla… 

En ese momento NØDR1z·A anunció: 

—Es «INVIERNO»

M4·m1 cogió las sacas y su paraguas rojo. Los primeros cometas estaban estrellándose contra la Nebulosa Cabeza de Caballo otra vez. 

Hoy llegaría a tiempo. 

Antes de salir por la compuerta, echó una mirada a los árboles, la mayoría ya desnudos. Las carrascas iban a ser un problema. Condenada hoja perenne…

©Enric Gisbert

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