Servicio de Paquetería Postal

A principios del siglo XX el matrimonio Spok, al regresar de un viaje, halló una caja ante la puerta de su casa con un sello en el que se leía: «retornar a origen».

La pareja dejó el equipaje y con el paquete entre las manos se dirigieron, a toda prisa, a la estafeta más cercana.
—¿Se puede saber la razón del retorno de este paquete?
—A ver, déjeme ver la caja —el oficial de correos la tomó en las manos y añadió—. Falta la población de destino, no se pudo entregar. ¿Cómo es que no han reclamado hasta ahora?
—Nos fuimos de viaje justo después de efectuar el envío —comentó apenado el Sr Spok.
—¿Cómo íbamos a saber que se devolvería? —añadió alterada la señora Spok.
—Si desean volver a proceder con el envío, por favor completen bien la dirección.
—¡No! Ahora ya no es necesario —respondió la mujer—. Queremos que nos devuelvan el importe del seguro.
—¿El seguro? ¿Qué seguro? —preguntó el oficial.
—Pues el que pagamos por el paquete. No se cumplió con el envío y tenemos derecho a su devolución. 
—Fueron cincuenta dólares a los que hay que añadir los intereses de los diez años —informó el marido frotándose las manos.
—Para reclamar el importe de un seguro de hace tanto tiempo deberán rellenar el siguiente impreso.
—¿Quince páginas de formulario? ¡Qué barbaridad! —objetó la mujer, miró a su marido y siguió— ¿Qué te parece si la volvemos a enviar?, ahora no sabría cómo educar a Andrea, habrá crecido mucho y no se encontrará a gusto en un sitio más amplio que la caja. Con su abuela y en una casa más pequeña quizás tenga otra oportunidad.
—¡Mozo! ¿Nos ayuda con las señas correctas? —solicitó el Sr Spok
—Evidentemente señor.

Semanas más tarde el matrimonio recibió una carta:

«Queridos Hilda y Homer,
El servicio postal de paquetería de la oficina de correos acaba de entregarme una caja llena de huesitos. De tratarse de un recuerdo de vuestro viaje por Europa lo guardaré con cariño.

Aprovecho para saludar a Andrea, bien seguro que está preciosa. Ya sabéis que me hubiera hecho mucha compañía durante vuestra ausencia.

Con cariño,

Magy Spok»

©Nuria Riera Wirth

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