Crónica de un estreno estrepitoso

El martes por la noche acudí al estreno de la última obra de Pepito Guiñote, aclamada en medio mundo. El inicio de la misma me sorprendió por encontrar en el escenario a un hombre vestido de paje. “¿Dónde estaba Pepito?”, me pregunté. Parece ser que pensé en voz alta y un amable espectador me respondió:
–Creo que se ha equivocado de obra.
Me pasmé, me quedé helado por el error y, de repente, me invadió un olor usado, poco habitual en los teatros de estreno. Las butacas rojas no brillaban por su bonanza y la suciedad de los pasillos gritaba. ¿Dónde estaba?
Justo en ese momento el paje del escenario empezó a declamar:
–Habiase una vez una princesa…
Y la mujer sentada a mi otro lado gritó:
–No hemos venido a ver princesas, queremos mujeres reales.
Y el actor respondió:
–Qué es más real que una princesa.

Risas de gallinas cluecas, acompañadas por algún gallo estridente, arroparon la platea y subieron a los palcos, algo más reservados en sus maneras. Imagínese el desconcierto del actor, quien no era Pepito Guiñote. Tan aturdido se sintió que no fue capaz de seguir con el texto. Y empezó de nuevo:
–Habiase una vez una princesa… Habiase una vez una princesa…. —Y así hasta tres veces más.
Empezaban a escucharse abucheos y silbidos entre los asistentes. “Pobre hombre”, pensé, “¿es que nadie le ayuda?” Y alguien debió escuchar mi pensamiento pues del lateral izquierdo asomó el apuntador:
–… en un reino muy lejano…
Y el actor repitió:
–… en un reino… —y se volvió a quedar en blanco.
Para acallar los gritos del público me alcé y dije a todo pulmón:
–Habiase una vez una princesa en un reino muy lejano y muy frío que se llamaba Nieves…
El público se giró y me aplaudió. Así que en vez de ayudar al pobre paje, le perjudiqué pues se sintió menospreciado. Entonces corrí al escenario, me arrodillé ante el actor y continué:
–Señor mío, sálveme de este frío invernal y a cambio le ofreceré mi mano.
El paje se animó, el apuntador me puso una corona y continuamos hasta el beso final.

El público nos felicitó con vítores y alegrías varias, el paje recuperó su dignidad y yo me convertí en el nuevo Pepito Guiñote del momento.

©Nuria Riera Wirth

Un comentario

  1. Se percibe la admiración por el teatro, que no admite cortes, enfoques favorecedores o iluminación especial. Ahí está la verdad, no se puede mentir. Es muy bonito que despierte la compasión y quiera ayudar

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