Orgasm-canteen

Hacía tiempo que no conseguía un orgasmo, y menos de aquellas dimensiones. ¡Quería explicárselo a sus amigas!

Una tarde, harta de no tener orgasmos con su pareja, decidió comprarse un «Satisfyer». No estaba convencida del todo pues había leído que era demasiado rápido y directo. Quería disfrutar de lo que su marido no le podía dar. Y es que los dos tenían una edad donde todo caía por naturaleza y el vigor masculino no era una excepción.

Entró en la tienda, libre de oscuridades, con un gran escaparate para verlo todo. Desde dentro y desde fuera. «¡Ojalá no pasara ni un conocido!”, pensó mientras, tímidamente, miraba los estantes. Los objetos estaban puestos con mucho cuidado, bien iluminados e, incluso, algunos funcionaban como muestra. No se atrevía a tocar nada.

La dependienta, una chica joven y sin tapujos, se le acercó:
—¿Necesita ayuda?
—No, gracias. Solo estoy mirando.
—Cualquier cosa me avisa.

Y mientras esta regresaba al mostrador, Andrea ya se había arrepentido de responder que no necesitaba nada. ¡Y es que lo necesitaba todo! Pero… ¿Cómo explicárselo? Las palabras se le tropezaban entre la cabeza y la boca. No sabía cómo empezar, aún y así acabó por acercarse al mostrador:

—Bueno… Sí, sí necesito ayuda. Quiero un orgasmo. Ya sabe, a mi edad cada vez cuesta más.
—¡Oh! ¡Vaya! Hay unos tubos de vidrio para ensanchar la vagina. Lo ha de usar a diario. Permítame que le muestre…
Andrea se quedó sorprendida. Esa joven pensaba que tenía el camino cerrado. ¡Menuda barbaridad!
—No, no es un problema de estrechez —aclaró entre calores— el tema es que mi pareja ya no tiene aguante, finaliza antes que yo, se duerme y me quedo a medias.
—¡Oh! ¡Vaya!, ¡qué lástima! Entonces deberá acabar por su cuenta.
—¡Claro! —continuó Andrea algo más relajada— pero me canso. Es que tardo mucho.
—¡Oh! ¡Vaya! Entonces le recomiendo el «orgasm-canteen».
—¿Eso qué es?
—¡Oh! ¡Vaya! Mire, es un vibrador que lleva incorporada una cantimplora en el interior. Usted se introduce el tubito en la boca. Cuando necesite recuperar fuerzas pulse este botón —continuó la dependienta ante la cara de asombro de Andrea— , el marrón y recibirá un sorbito. ¿Sabe? Como los ciclistas. Así no ha de detenerse para recuperar fuerzas. Normalmente se pone agua, pero con otras bebidas (incluso licores) también funciona.
—¡Oh! ¡Vaya! —respondió Andrea imitando a la vendedora.

©Nuria Riera Wirth