Ningún(o)

Tantos hombres y ninguno guapo. Uno con cara de pocos amigos, otro patizambo, el tercero con aspecto de ánade y el último sudaba copiosamente de pánico.

Quise seguir al pato pero iba demasiado rápido, así que me puse al lado del patizambo.

—Oye. Exactamente, ¿adónde vamos? 

—Pues no lo sé. Yo he visto a esta gente tan decidida por el camino que me he unido a ellos.

En eso que al asustadizo le fallaron las piernas y se desplomó. Corrí un poco para ayudarle a levantarse. 

—La primera vez que subí a un avión tuve miedo —me soltó sin venir a cuento.

—Pero… estamos solo andando. Por una arboleda. Por un camino.

—Cierto. También me da un poco de miedo el bosque. Uno nunca sabe qué le puede acontecer.

—¿Así, ninguno os conocéis? 

—No. El «carapato» me suena vagamente, pero quizá por ser famoso, no sé.

Seguimos caminando. Detrás nuestro venía el malcarado, con las manos en los bolsillos. Al vernos, aceleró un poco el paso para ponerse a nuestra altura..

—Lo que nos faltaba. Una mujer —dijo, ceñudo.

—¡Oye, tú! —me enfadé.

—Tampoco sabes qué hacemos aquí, ¿verdad?

—Pues no.
—Entonces cállate y anda.

Y en esas estamos. Los cuatro feos y yo. Andando hacia vete tú a saber dónde.

Igual soy el producto de la imaginación de algún escribiente enfermo, incapaz de tener ninguna idea con la que solucionar el puñetero relato al que me añadió. ¿Sabéis qué? Voy a seguir caminando con estos patanes. Desconcertada como estoy, ya ningún espanto me puede frenar.

©Enric Gisbert